Ni fuga, ni jóvenes, ni cerebros

25 10 2010
AMAYA M. – Investigadora – Guadalajara
[Carta publicada por el periódico La Vanguardia, 21-10-10]

Tras más de una década trabajando en universidades de EEUU regresé a España hace dos años. Mi decisión se apoyaba íntegramente en esta párrafo del BOE referente a mi contrato de cinco años con el CSIC: “La formalización por parte de los Centros de I+D de estos acuerdos de incorporación implica que garantizan el compromiso de crear, antes de la finalización del contrato, puestos de trabajo permanentes con un perfil adecuado a las plazas cubiertas”.

La frase es tajante, no se trata de un compromiso tácito sino de un compromiso vinculante. Sin embargo, ahora nos dicen que muy probablemente en los próximos tres años no salgan plazas y que nuestra única esperanza es que se apruebe una Ley de la Ciencia defectuosa donde se contempla la creación de un tipo de contratos que a día de hoy son ilegales. Y me encuentro en una encrucijada: regresar a EEUU donde sigo teniendo las puertas abiertas, o quedarme en España y continuar por una vía que el mapa oficial de carreteras me asegura que llega a un destino atractivo, pero que ahora encuentro plagada de carteles que avisan “sin salida”.

Los titulares que hacen eco de esta encrucijada en la que estamos muchos investigadores utilizan un lenguaje común que gravita en torno a la siguiente frase: “Fuga de jóvenes cerebros: el futuro del sistema de investigación en España”. Dejemos de hablar de “fuga”, nos están echando. Dejemos de hablar de “jóvenes”, ya no lo somos; la connotación es que como jóvenes podemos aguantar todo lo que venga y seguiremos luchando por nuestro ideal, pero no es así; muchos investigadores de esta generación están considerando seriamente dejar la ciencia. Dejemos de hablar de “cerebros”, nos están impersonalizando; tenemos estómagos a los que alimentar, y tenemos corazones a los que escuchamos cuando decidimos regresar a nuestro país para estar más cerca de nuestras familias, a la vez que seguíamos haciendo investigación; corazones que nos rompen cuando nos dicen que se van a incumplir con total impunidad los contratos que firmamos.

Dejemos de hablar de “futuro”; la connotación es que al ser el futuro hay tiempo, que la solución se puede posponer indefinidamente; no somos el futuro, somos el presente. Y por último, no puede hablarse de sistema de investigación en España, sino de una colección de parches que se están deshilvanando. No se puede consolidar un sistema de investigación a base de bandazos. La investigación no precisa de medidas drásticas puntuales sino de una apoyo sostenido y coherente. Es el equivalente a plantar un jardín y no regarlo.

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El peligro de perder a toda una generación de científicos

16 09 2010
Carlos M. Duarte
[Artículo publicado por El País, 16-09-10]

La afirmación del Gobierno de que los ajustes presupuestarios preservarían la financiación publica en I+D se fundamentaban, principalmente, en el compromiso de mantener la financiación del Plan Nacional de I+D, que finalmente este año también ha sufrido recortes. Habría sido una buena noticia para un país que lucha por salir de la crisis con un nuevo modelo de crecimiento, basado en el conocimiento. Como suele ocurrir, el demonio se esconde en los detalles y el debate en torno a la financiación de la I+D, centrada en el Plan Nacional de I+D, oculta que este Plan, que permite ejecutar proyectos de investigación, solo garantiza el avance científico en la medida que los proyectos sean propuestos por científicos con ideas brillantes y los conocimientos técnicos avanzados necesarios para desarrollarlas. Es este pilar básico de nuestro sistema de I+D, la consolidación de una comunidad científica de excelencia, y no el Plan de I+D, lo que el ajuste presupuestario ha colocado en grave riesgo.

La formación de investigadores es un proceso largo, que se extiende durante cerca de 12 años, en promedio, desde la licenciatura, en ciclos pre y posdoctorales hasta que los científicos consolidan su carrera con un puesto de trabajo permanente en la universidad, en los Organismos Públicos de Investigación o -en contados casos- en los departamentos de I+D de empresas. La consolidación laboral del joven investigador es importante más allá del punto de vista de la estabilidad laboral, ya que es requisito imprescindible para que alcance la plena independencia científica y forme un grupo de investigación, pasos necesarios para poder desarrollar sus ideas.

El periodo de crecimiento de la ciencia española en financiación, plataformas para la investigación y en recursos humanos durante los últimos seis años la impulsó por una senda de progreso sin precedentes que la prestigiosa revista Nature calificó como una “Edad de Oro de la ciencia Española”. Fruto de este renacimiento es la generación más brillante de jóvenes científicos que nuestra sociedad haya dado, como se plasma en el éxito y competitividad de nuestros jóvenes investigadores en las convocatorias del European Research Council (ERC), que ejecuta el programa Ideas del 7º Programa Marco de la UE. Nuestros jóvenes investigadores ocupan el sexto puesto en número de contratos del ERC, que es extraordinariamente exigente en la selección, bajo el único criterio de la excelencia de los investigadores y sus ideas.

La abrupta contracción de la oferta pública de empleo en I+D iniciada en 2008 ha alcanzado niveles brutales, cercanos al colapso total, como evidencia la caída en más de cinco veces de la oferta de plazas de científicos titulares, el nivel de entrada a la plantilla del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este cierre patronal, forzado desde el Gobierno, supone una bofetada para las esperanzas de los jóvenes investigadores que han tenido la desgracia de culminar ahora, aupados por el fuerte empuje de la ciencia española en los últimos años, su ciclo de formación, para encontrarse con las puertas de la consolidación cerradas a cal y canto.

Cualquier análisis realista anticipa que pasarán al menos tres años hasta que la oferta pública de empleo comience a recuperarse, mientras se seguirán acumulando más y más jóvenes investigadores al borde del abismo del fin de su ciclo de formación. El colapso y tapón resultantes serán de tal magnitud que tardaremos al menos una década en alcanzar el equilibrio perdido entre oferta publica de empleo en I+D y la afluencia de jóvenes investigadores con méritos suficientes para ser consolidados.

El problema es que los jóvenes investigadores saben bien que, al concluir el ciclo de formación, típicamente el final del contrato de cinco años del Programa Ramón y Cajal, solo hay la consolidación (cuyas puertas están cerradas), la emigración o el abandono de la carrera científica. Nos arriesgamos, ni más ni menos, que a perder toda una generación de científicos, precisamente aquellos que han de cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad de llevar a este país hacia un nuevo modelo de sociedad necesariamente basada en el conocimiento. Lo que está en juego no es solo el futuro de esas mujeres y hombres en cuya formación hemos invertido más de una década de esfuerzo y recursos, sino, ni más ni menos, el futuro de nuestra sociedad.

Solucionar este problema requiere movilizar toda la acción de Gobierno, con la misma urgencia y determinación con la que ésta ha actuado -eso sí, tras un largo período de incredulidad y titubeo- para recortar nuestros salarios y congelar nuestras pensiones. La solución ha de venir de la mano de una Ley de la Ciencia que arrastra los pies en su tramitación, pero que ha de introducir, no el año que viene ni el 2012, sino mañana mismo un sistema de contratación indefinida para jóvenes investigadores que permita consolidar esta nueva generación de investigadores con un modelo laboral que supere las rigideces del sistema funcionarial y aporte competitividad a nuestro sistema de I+D. Es hora también de que nuestras grandes empresas, inhibidas durante demasiado tiempo de la responsabilidad social de crear conocimiento, arrimen el hombro y se apunten a la cultura del mecenazgo de la ciencia, patrocinando contratos y cátedras para estos investigadores. Será un mecenazgo menos lucido que el de grandes eventos deportivos, pero que marcaría una nueva era en la responsabilidad social del sector privado.

Esta generación no tiene, precisamente por no estar consolidada, voz en el debate en torno a la financiación de la I+D, dominado por intereses corporativistas de directores de laboratorios y agrupaciones científicas. Por eso utilizo esta tribuna para llamar al compromiso de todos con la nueva generación de investigadores, que ha de verse reflejado en la distribución de las partidas presupuestarias. La realidad es tozuda y a la tentación de tirar por el atajo de la innovación como panacea que engulle una porción cada vez mayor de los recursos para I+D, se contrapone la verdad de Perogrullo de que para cosechar se ha de sembrar primero. Sembremos pues y apostemos decididamente por la nueva generación de investigadores que está llamada a servir de punto de apoyo para desplazar la sociedad española desde la cultura del pelotazo y el ladrillo a la del conocimiento.





Ciencia reduce el dinero inicial para los proyectos de I+D

2 12 2009

[Artículo publicado por el periódico El Pais, 1-12-09]

Los investigadores recibirán menos el primer año – El Gobierno aplaza a 2011 parte de los pagos del Plan Nacional ante las restricciones presupuestarias

Unos 60.000 científicos en toda España desarrollan los aproximadamente 10.000 proyectos de investigación del Plan Nacional de I+D+i, que es el principal eje competitivo en torno al cual se articula la ciencia de excelencia española sometida a rigurosa evaluación y financiada con subvenciones del Estado. Para la convocatoria de proyectos de I+D del año que viene, de carácter trianual, se asignarán 430 millones de euros, la misma cantidad que en 2009 para atender más obligaciones. Tras el recorte presupuestario del 15% en 2010 para el Ministerio de Ciencia e Innovación, que dirige Cristina Garmendia, la primera anualidad de esos proyectos no será del 60%, como ha ocurrido en 2009, sino del orden del 35%. El dinero total para los proyectos será el mismo a la larga, pero distribuido de manera distinta entre los tres años, con una disminución respecto a la norma en 2010, que se debe recuperar en 2011 y 2012.

La medida supone aplazar al año que viene el mayor efecto de la crisis, porque si entonces no se recupera considerablemente el presupuesto español de ciencia, la reducción de proyectos del plan será inevitable.





Mariano Barbacid en El Pais

4 11 2009
El éxito del CNIO
MARIANO BARBACID (Director del CNIO)- Madrid -04/11/2009
[Artículo de opinión publicado por el periódico El Pais, 4-11-09]

<<…es triste comprobar que los medios de comunicación tienden a destacar sólo lo negativo, ignorando las buenas noticias del panorama científico español. Hace unos días, algunos medios de comunicación destacaron mi “dimisión” como director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) como “protesta” por los desafortunados recortes en I+D+i, noticia que además de negativa, es falsa y torticeramente inventada. Sin embargo, ningún medio de comunicación se ha hecho eco de una información accesible en nuestra página web (www.cnio.es), en la que se da cuenta de que los 25 grupos de investigación existentes en el CNIO publicaron en el trienio 2006-08 prácticamente el mismo número de trabajos propios (41), en las 50 mejores revistas científicas del mundo (aquéllas con un factor de impacto superior a 15), que el conjunto de las 44 universidades españolas con departamentos en áreas de Ciencias de la Vida (47 trabajos). Este nivel de productividad coloca al CNIO entre los mejores centros de investigación del mundo a la par de instituciones como el Salk lnstitute o Cold Spring Harbor y ligeramente detrás del Whitehead Institute, el centro de investigación con el nivel más alto de productividad.

Ahora lo importante sería que la Administración se preguntara el porqué del éxito del CNIO (y de otros centros de investigación españoles como el CRG de Barcelona) y decidiera apostar por el modelo que lo ha hecho posible.>>